Insaciable
Tu mano en mi abdomen. Me quema. Es una llama y este instante inmortal parece estar sucediendo en cámara lenta, al ritmo de un sueño derramado. Suave y dulce, como el sudor de nuestra intención. Sabe a miel, tu fuego me despierta y revive, cortando mi aire.
Son soplos helados y un anhelo voraz que crece profundo. Tal vez nace de un hueco, falta de tacto. Pero quiero más. Necesito más de vos. Que te rocen mis dedos araña y te vuelvan loco, que ardas por dentro.
Una boca, otra más, mucho para deleitar. Retener o liberar. Todo radica en aquella ligera ambivalencia, esa cuerda floja decisiva. Es complacer. Soltar un habla de suspiro donde el deseo se expresa por sí solo.
Aspirás mis palabras y absorbés mi alma desde mi piel. ¿Soportás el temblor? Intentá ahí, o en cualquier curva. El tiempo efímero iluminado en años luz y la delicia que es tu boca si está sobre la mía. Déjate flotar en esta nube, para no desaparecer. Distráeme.
Labios de seda contra esa melena que enmarca una línea definida por donde pasa el placer. Aquel que me recorre interna y me deja imperturbable. Ataraxia. Si me encierro en vos podría tapar mis defectos, olvidarlos. Volverme eterna.
Son tus ojos, y tu mirada ya ida, que se escapan levemente de la realidad en un océano infinito de goce.

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