vómito



Me imaginé vomitándolo todo.
La pechuga de pollo con hongos,
los cuatro ravioles casi sin relleno,
todos los vasos de fernet, campari, whisky, y cerveza de estas pocas tres horas.
Y todo mi amor por vos.
Lo vomitaba en el baño del salón, con la parte superior del mono baja, basicamente desnuda, sosteniéndome el pelo yo sola, acompañada por mi subconsciente y nada más.
Imaginé, sentada en una mesa llena de gente vacía, cómo me las iba a arreglar para tambalearme hasta los baños del fondo, agacharme y despedir todo lo que se me revuelve adentro y quedarme temblando con los ojos llorosos.
Todas las confusiones de los pensamientos que se me ocurren en los más desesperados momentos de días en los que no tenés idea alguna.
La única cosa asegurada que tengo es que no me querés cerca.
No querés saber nada de mí, no querés verme, hablarme ni respirarme cerca. Tampoco querés que sepa de vos.
Vomité. Me veo vomitando. Lo siento tan real que me da miedo y tengo que observar alrededor para confirmar que sigo en una fiesta de gente que no conozco ni me importa conocer.
Me da ansiedad igual y eso no ayuda. Ante la simple idea de tu rechazo ante mí, me dan nauseas.
(Parece mentira, pero son las 4:20 exactas y sé que te haría una joda con eso de la que no te reirías).
Vomito.
Vomitovomitovomito.
Quiero que se vaya todo de adentro mío. Mis confusiones, mis pensamientos, mis mambos, mi inestabilidad, mis extremos, mi amor por vos, mi rencor por vos, todo.
Que te amo y quiero que estemos juntos siempre siempre siempre; que te tengo miedo y sé que no puedo hablarte como a cualquiera; que te quiero dejar porque no me hacés bien; que quiero pedirte perdón porque sé que yo a vos tampoco; que quiero que me expliques en qué la cagué; que necesito que te esfuerces y nunca lo hacés; que vayas al psicólogo; que estoy convencida de que me vas a pedir un tiempo y no sé cómo reaccionar ante eso; que tal vez el tiempo me sirva a mí también; pero que la verdad no quiero ningún tiempo si ya la estoy pasando mal; pero que entiendo que lo necesites (cuando aún ni me lo pediste); que estoy aprendiendo a que tengo que poner mis límites y no dejarme pisar, por lo que no debería aceptar un tiempo y decidir cortar; pero que también quiero hacer todo lo posible para que estemos juntos y bien y si necesitas eso, la luna y el sol, te los doy todos; pero que de nuevo tengo que pensar en mí y no sé si puedo. Y así hasta la eternidad de los pensamientos.
Si algo tengo seguro igual es que te amo. Y que te quiero amar bien. Sanamente.
Cambiar y ser de esas personas simples. Pero no lo soy. Quiero ser de esas personas con el grupo de amigxs pares re piolas, la pareja ideal con la que se entienden y llevan desde siempre, que parecen encajar como un rompecabezas en el cual nunca faltó ninguna pieza, las familias que te bancan y quieren, la carrera decidida y apasionada con la promesa del laburo bien pago no abrumador ni de oficina. Después todo el resto del cliché no me importa, ni el casamiento, ni los hijos, ni la vida tipo.
Pero aquella primera parte de amor establecido por ocho o nueve años que se pasaron volando, sí. Que se pasaron como un soplo de felicidad a la vida, sin sufrimientos, sin peleas, sin ultimatums.
Quiero quiero quiero. Y a veces un poco me convenzo de que la vida es muy corta (aunque eso ya lo sé) y que tengo que simplificarme y dejar de romper. Por unas horas puedo fingir ser esa persona.
Pero me agarran algunos demonios, me susurran voces a los oídos, me sobrepasan los pensamientos, la cabeza me va a mil, y me termino aislando mientras me imagino vomitando.
Te juro que si pudiera lo cambiaría. No sería así. Yo no lo elegí. Te juro. Me encantaría no tenerlas y no ser así. Te lo juro.
Pero soy así y ya me estoy intentado arreglar desde hace un montón.

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