Soy ajena.
Me siento impersonal.
Invisible.
Estoy lejana.
Me quiero lejos.
Me busco en el horizonte.
Me encuentro en el vacío.
A veces en el aire.
En la nada.
Si es que me encuentro.
Porque no sé dónde estoy.
Ni cómo soy.
Asi que, ¿cómo buscarme?
Pierdo toda noción del tiempo.
De mi historia. Y me desvanezco.
Desaparecí. Chau.
Me esfumé en un soplo de viento.
Me encuentro flotando entre las cenizas de esta brisa.
Ya está. No estoy ahí. Me perdí.
Y si no me busco yo,
¿quién me va a buscar?
Ni mis palabras quedan fijadas.
Se borraron, volaron, no sé a dónde.
Tal vez se escondieron como me escondí yo.
De mí misma. Y de ellas.
Me escondí del futuro.
Superé la gravedad del tiempo.
Pero en el camino, olvidé a dónde fui.
Y ahora no me encuentro.
Eu, Vicky. Dale, ya está.
Salí. Por favor, ya está.
Se terminó el juego.
Y perdiste.






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